domingo, 19 de octubre de 2008

West India Docks. London.

Me he levantado temprano, miro por el portillo de mi camarote y veo como el Rainbow Warrior se mueve lentamente a favor de la marea en unas aguas de color marrón. Estamos en la desembocadura del río Thames, camino de Londres. La pasada noche ha sido bastante entretenida cruzando el Estrecho de Dover, con todo ese increíble flujo de barcos que entran y salen del Mar del Norte y con los Ferries que lo cruzan entre Francia e Inglaterra.

A las doce del mediodía, estamos ya dentro del canal de boyas que dirigen el camino río arriba. El día es soleado, parece mentira que estemos en Inglaterra.


Las boyas van pasando, navegamos al norte del canal. Cada boya tiene un nombre y un número. Tenemos que reportar a "London Traffic" nuestra posición en cada boya. Un enorme barco nos alcanza y nos pide paso. Caemos a estribor y poco a poco vemos como la enorme mole de hierro cargada de contenedores nos pasa por el costado de babor. Otro barco, esta vez un petrolero de color naranja navega en contra de la corriente, río abajo. Navega escoltado por un remolcador por si tuviese algún problema.
El paisaje a ambas orillas del río es bastante industrial aunque a veces se ven pequeños campos verdes. Supongo que originalmente todo sería así. Poco a poco las fábricas y chimeneas van dando paso a edificios de apartamentos y pequeñas casas. Como siempre , después de dos semanas navegando se siente el extraño contraste entre los espacios abiertos del mar y las aglomeraciones de las ciudades.






Dos botes se acercan como centellas hacia nosotros. Son el grupo de Greenpeace Inglaterra que vienen a darnos la bienvenida. Curiosamente, en una ventana de una casa, se ve una pancarta improvisada que pone "Welcome Warriors"


















Hemos navegado casi todo el río por nuestra cuenta. En el último tramo, un práctico del río de avanzada edad, sube a bordo y es ahora quien dirige el Rainbow Warrior hacia los West India Docks, el amarradero donde pasaremos los dos primeros días en Londres, antes de ir frente al Tower Bridge, en el mismo centro de Londres.














Son las siete de la tarde, hoy ha sido un día muy largo. Ahora el Rainbow Warrior descansa extrañamente rodeado de rascacielos de cristal en el centro de Londres después de 2900 millas desde que salió de Corinto, hace ya dos semanas.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Una narración tranquila, en contraste con la anterior. Pero muy interesante, y para mi muy instructiva.